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El ayer y hoy de los faros
Los faros han sido un símbolo de la navegación, pero no han nacido con ésta, sino por la necesidad de los navegantes de un punto de referencia y para conocer los diversos peligros, sobre todo, ante la mala visibilidad.
Los historiadores nos dan muestra de la existencia de faros desde el año 270 a.C. Uno de los más antiguos conocidos es el de Alejandría, construido durante el reinado de Ptolomeo II.
Los fenicios y los romanos, más tarde, construyeron otros que fueron usados para la navegación, pero recién por el siglo XV se comenzó a organizar un sistema para que las embarcaciones estuvieran atentas a los peligros y reconocieran los puertos.
Estos faros funcionaban a base de leña o carbón y los más modernos con combustible. Con el crecimiento del comercio marítimo, la cantidad de embarcaciones creció y los dueños cobraban una especie de peaje a las naves que pasaban por la zona.
Ya en el siglo XVII, los faros comenzaron a recibir mejoras (todos usaban lámparas de aceite) y fue un siglo después cuando se conocieron dos sistemas muy famosos de iluminación: catóptrico y dióptrico.
El sistema catóptrico consistía en reflejar la luz de la lámpara de aceite a través de un espejo con lo que se incrementaba en gran medida el poder lumínico. El ssegundo sistema, el dióptrico, funcionaba por medio de una lente que recibía los rayos luminosos y ampliaba su potencia.
Con el fin de aumentar la potencia y el rendimiento se probaron diferentes tipos de combustible hasta la llegada del petróleo.
Por el siglo XVIII se conoció un gran avance: una nueva linterna a petróleo con una mecha tubular que no despedía humo y mantenía su intensidad en forma constante. Esta novedad fue muy bien recibida, ya que las anteriores llenaban de hollín la linterna, reduciendo así la potencia lumínica del faro y obligando a un mantenimiento muy elevado.
Recién en los comienzos del siglo XX, aproximadamente en el año 1910, se conoce un faro alimentado a energía eléctrica y espejos, que produce una potencia de 38 millones de bujías. A partir de 1920, se comienza un perfeccionamiento, sobre todo en las lámparas, que encontraron uno de sus máximos niveles con la llegada del tubo de Xenón, lámpara similar a un flash fotográfico, cuyo destello es de gran potencia y fácil visibilidad.
Los faros fueron desarrollándose, no sólo en cuanto a su luminosidad, también lo hicieron estructuralmente y en cuanto a su ubicación. La construcción muchas veces imponía un gran esfuerzo y resultaba sumamente dificultosa, por no contar con medios idóneos. Transportar estructuras y repuestos para los faros era una difícil tarea, sobre todo cuando se trataba de ubicarlo en aguas de escasa profundidad.
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