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Honrar la Historia
"El futuro no existe", dicen los indios del altiplano, "sólo contamos con el pasado, para extraer experiencias y conocimientos, y con el presente, que es apenas un chispazo, puesto que en el mismo instante se convierte en ayer..."
Y el futuro fue lo que se les truncó a 270 personas, un lejano abril de 1982... Como dicen los indios del altiplano, sólo contamos con el pasado para extraer experiencia, pero también para recordar, valorar, y no olvidar a aquellos que nos precedieron en el tiempo...
Walter conjuga el arte con sus recuerdos. En sus telas se encuentran plasmados, los duros, pero aceptados momentos vividos. "Entré en la marina el 2 de abril de 1981; allí hice toda la instrucción, al llegar al lugar donde estaba amarrado el crucero no lo podía creer, era una ciudad".
Habían transcurrido tan solo doce meses desde aquel día en que sus ojos se habían deslumbrado con esa mole de 200 metros cuando los medios de comunicación anunciaban el conflicto desatado en las Islas Malvinas.
El 16 de abril comenzó lo que para muchos sería un viaje sin retorno "El 24 de abril estábamos en Ushuaia, -recuerda casi con la precisión de Funes el memorioso * - fue el último puerto que tocamos y en el que hicimos reabastecimiento de combustible, víveres y municiones". Y para que aquel recuerdo cargado de ilusiones y valor triunfal perdurara en su memoria lo representó artísticamente en un cuadro.
Walter era el encargado de cubrir la segunda torre del crucero, lugar donde cargaba las vainas con pólvora, las abrazaba y las subía a un ascensor que las transportaba por diferentes cámaras hasta donde salía el tiro. Esa tendría que ser su rutina casi diaria. Afortunadamente, la realidad hacía que ese adiestramiento no se pusiera en práctica. Pero fue esa misma realidad la que los obligó a despertar y enfrentarse con lo que para muchos sería el fin de su corta vida, el no mas mañana y el adiós a los sueños.
"Sentí un movimiento y pensé que estaba en práctica de tiro. No hubo luz ni micrófonos para saber lo que sucedía. A través de una cadena humana nos informaron que el barco había sido atacado y que se estaba hundiendo... debíamos tomar todo el abrigo que podíamos. Subimos las escaleras deslizándonos, sin tocar los escalones, como en una película americana.... !Quién iba a pensar que viviría lo mismo!
Los recuerdos se suceden sellando a fuego cicatrices en el alma que el paso del tiempo no pudo borrar; solo consigue mitigar el dolor. El mismo que sintió, impregnado de impotencia y desesperación, cuando en su intento por salvar su vida cumple con lo que hasta hacía minutos constituían simulacros continuos de ataques submarinos, aéreos, hombres al agua, y que tuvo que vencer para ayudar a quien, simplemente, era el cabo principal de comunicaciones de apellido Escobar. "Estaba totalmente quemado, le correspondía la balsa número 4, a mí también. Lo ayudamos a bajar, lo cuidamos, lo atendimos. Una vez en la balsa, fuimos remando para alejarnos del barco y evitar la posible succión que podría provocar su hundimiento... fue tan noble el Belgrano que no se dio vuelta de campana, sino que se inclinó hacia babor bien recto, elevó la popa y después se hundió. El petróleo cubrió una aureola inmensa alrededor del barco, eso permitió que se formara una capa impermeabilizante alrededor de los cuerpos, protegiendo del frío a quienes tuvieron que nadar hasta las balsas. Muchos salvaron así su vida".
Los cuidados que se brindaron al cabo no impidieron que su deteriorado estado, produjera un paro cardíaco y terminara con él. A pesar de que la ley de navegación dice que quien muere a bordo debe ser arrojado a las aguas, a manera de homenaje y consuelo para la familia, decidieron mantenerlo en la balsa.
El ayer vuelve nuevamente a su presente. No puede dejar de mencionar un encuentro, que se convertiría en el último, con quien fuera su mejor amigo: "Vivíamos a unas cuadras de distancia, pero nos hicimos amigos durante la instrucción cuando nos tocó la misma compañía". Huyendo de la muerte se cruzaron por los corredores del Belgrano. La obediencia quiso que Juan Carlos rechazara la invitación de Walter para refugiarse con él en su balsa, "cada cual a su balsa, como corresponde", había dicho. Se dieron un abrazo a modo de despedida con la promesa, por parte de Walter, de encontrarse en el territorio argentino y la tristeza, imbuida de un mal presentimiento por parte de Juan Carlos ( la noche lo sorprendería en la mitad del camino...)
"En nuestra barca había doce personas - afirma Walter - en la de Juan Carlos sólo tres. El frío los superó, fallecieron congelados, nunca se recuperaron los cuerpos".
Como cómplice de aquellos a quienes había cobijado y queriendo serle fiel hasta el final, esa mole de 200 metros que había sido la ilusión de quienes se imaginaban maniobras de defensa por las aguas argentinas, demostró una hidalguía que solamente la poseen los grandes y una lealtad que sólo conocen los que nunca mueren; respetó la vida de los que todavía seguían abandonándola en busca de una luz: "la última gente que tiró las balsas lo hizo cerca del barco y ahí, en complicidad con la mano de Dios o con aquel famoso Ave Fénix, que tenía grabado en su escudo, en el momento del hundimiento un oleaje apareció de golpe y alejó las embarcaciones que estaban próximas al casco, evitando que desaparecieran con el crucero".
Luego de 36 horas con vientos de 120 km/h, olas de entre 6 y 8 metros y temperaturas bajísimas, fueron rescatados por el buque Piedrabuena donde los cuidados trataron de multiplicarse evitando que las secuelas del tiempo a la deriva agredieran aún más la salud; "algunos tenían congelamiento en los pies" acota Walter....
Transcurrieron dieciocho años desde aquellos hechos que cambiaron parte de la realidad argentina. En su momento, lejos de cuestionar la decisión de recuperar las Malvinas por vía de la fuerza, el pueblo argentino, sin discutir métodos, armamentos, posibilidades y juego limpio por parte del adversario, se unió detrás de los colores celeste y blanco de nuestra insignia, haciendo gala de un patriotismo que aflora en determinadas circunstancias. Cuando en la era de la informática se nos dan a conocer nuevos datos sobre los hechos de la guerra, ayudas y abandonos, el por qué de ese pasado es un interrogante que para muchos no ha encontrado respuesta. Sin querer llegar a realizar un juicio de valores de circunstancia y de tiempos, algo ajeno a los lineamientos de nuestra revista, queremos desde aquí recordar a aquellos jóvenes-viejos a quienes la vida se encargó de arruinarles los planes y truncar sus mañanas y a quienes la memoria los mantiene vivos en nuestro corazón....
· (Personaje creado por la imaginación de J. L. Borges)
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